100 años de insulina

En diciembre de 1921, el médico e investigador canadiense Frederick Grant Banting, junto a sus compañeros Charles Best, James Collip y J.J.R. Macleod, descubrieron la insulina. Gracias a eso la vida de millones de personas ha podido ser salvada.

La insulina es una hormona producida por el páncreas, liberada cuando existe la presencia de glucosa en la sangre. Ayuda a metabolizar el azúcar para que pueda ser utilizado en la producción de energía, reduciendo la posibilidad de presentar hiperglucemia.

Una de las utilidades de este descubrimiento es poder hacer frente a la diabetes, una enfermedad crónica que se produce cuando hay un exceso de azúcar en nuestra sangre debido a una disminución de la secreción de la insulina o a una deficiencia de su acción.

Algunos de sus síntomas más comunes son:

  • Mucha sed
  • Orina frecuente
  • Hambre extrema
  • Pérdida de peso sin razón aparente
  • Vista borrosa
  • Sensación de hormigueo en los pies
  • Fatiga

DOS TIPOS DE DIABETES

DIABETES TIPO I

La diabetes tipo 1 se produce cuando nuestro sistema inmunitario ataca las células beta del páncreas, encargadas de producir insulina. La comunidad científica cree que esto se produce por genética, y factores ambientales como los virus.

En este tipo de diabetes nuestro páncreas no es capaz de producir insulina, así que los niveles de glucosa no se ven regulados. Se produce con mayor frecuencia en niños y jóvenes adultos, pero puede aparecer a cualquier edad.

DIABETES TIPO II

La diabetes tipo 2 es la forma más común en la que se da esta enfermedad. Se produce, generalmente, debido al estilo de vida. Algunos de los hábitos que más favorecen son la inactividad física y los hábitos alimentarios poco saludables, así mismo, el exceso de peso (tanto obesidad como sobrepeso) y el síndrome metabólico (conjunto de trastornos que se presentan al mismo tiempo: Diabetes, hipertensión, obesidad abdominal e hiperlipidemia), están asociados al aumento de riesgo de la aparición de diabetes. 

En este tipo de diabetes nuestra células generan resistencia a la insulina, lo que provoca que necesitemos un aumento de la misma, convirtiéndonos en personas insulinodependientes.

Hay que prestar especial atención a este tipo de diabetes, ya que su aumento es exponencial, y los hábitos de vida, cada vez más sedentarios, y con peor alimentación, sólo la favorecen, provocando que personas completamente sanas sean potenciales  de desarrollar esta enfermedad en el futuro. Según datos de 2017, el 7,8% de los adultos españoles tienen diabetes, frente al 4,1% que la padecía en 1993. Estas cifras deben hacernos reflexionar sobre el camino que estamos siguiendo. 

¿QUÉ PROBLEMAS PROVOCA LA DIABETES?

La diabetes afecta a prácticamente todas las áreas funcionales de nuestro cuerpo. Provoca borrosidad en la visión, sobre todo por la noche, pudiendo incluso provocar ceguera. Puede provocar úlceras en los pies y sus dedos, que de persistir, derivan en amputación de los mismos. Dificulta el control de la presión arterial y el colesterol, lo que deriva en problemas cardíacos y accidentes cerebrovasculares, llegando a provocar infartos e ictus.

Además, afecta a los riñones, que tras muchos años con niveles altos de azúcar ven dificultada su tarea para filtrar la sangre. También aumenta el riesgo de demencia y deteriora la salud ósea, colaborando con la aparición de la osteoporosis.

Es ciertamente esperanzador pensar que, todo esto puede evitarse simplemente modificando hábitos de vida que dependen enteramente de nosotros. A su vez es grotesco, ya que somos nosotros mismos quienes no sólo no hacemos nada para evitarlo, si no que encima lo potenciamos.

INSULINA HUMANA

La insulina humana es un medicamento de tipo hormona, que se utiliza para controlar los niveles de azúcar en sangre cuando los pacientes con diabetes de tipo I y II presentan niveles tan altos que no se puede controlar con medicamentos orales.

Se administra mediante un «bolígrafo de insulina», en el que se regula la cantidad que se debe inyectar, tras medir el nivel de azúcar en sangre de la persona con diabetes.

EVITAR LA DIABETES

Como ya hemos comentado, el tipo más común de diabetes (tipo II) se produce como consecuencia de malos hábitos. Entre ellos destacan:

  • Sedentarismo, o falta de actividad física

Cuando pasamos demasiadas horas sentados en el sofá, o en el bar, no damos apenas paseos, y no planteamos absolutamente ningún tipo de ejercicio para nuestro cuerpo, estamos contribuyendo a que en el futuro podamos desarrollar graves problemas sanitarios. Es fundamental hacer, como mínimo, 30 minutos de ejercicio continuo al día, dando un paseo, realizando bici estática, nadando o mediante cualquier tipo de actividad física en la que nos movamos. 

  • Malos hábitos de alimentación

El tipo de alimentos que consumimos actualmente son, en su mayoría, procesados, lo que conlleva un añadido extra de azúcar (a parte del naturalmente presente en la mayoría de los alimentos), que eleva nuestra glucosa en sangre de manera artificial y muy perjudicial. Si a esto le añadimos alimentos que son, en esencia, azúcar, creamos un cóctel fatal, que prolongado en el tiempo puede derivar en una falta de insulina sustancial en nuestro organismo.

Además, debemos tener en cuenta que la forma óptima de consumir azúcar es hacerlo a través de alimentos con azúcar de absorción lenta, que permiten gestionar mejor la energía a nuestro organismo (frutas, verduras, hortalizas, cereales integrales, frutos secos). Los azúcares de rápida absorción nos darán un rápido aumento de energía, que conllevará después un notable descenso, siendo contraproducente ya que podemos terminar más cansados. Estos se presentan, generalmente, cuando el azúcar es un añadido al propio producto (dulces, repostería, alimentos elaborados con harinas refinadas, refrescos, etc.). 

Junto al azúcar, es importante controlar el peso correspondiente a cada cuerpo, por lo que las grasas que ingerimos también son fundamentales para obtener una dieta variada y equilibrada.  Los mejores alimentos para obtener este nutriente es el aceite de oliva (virgen extra), aguacate, frutos secos, chocolate negro (o cacao puro) y derivados de estos. 

  • Evitar el tabaco y el alcohol

Como en la mayoría de prevenciones ante distintas enfermedades, esta recomendación está muy extendida debido a la multitud de evidencias que existen acerca del consumo excesivo de alcohol y de tabaco con el aumento del riesgo de padecer diabetes tipo 2.

El consumo moderado de alcohol se define como una bebida al día para las mujeres de todas las edades y los hombres mayores de 65 años, y hasta dos bebidas al día para los hombres de 65 años o menos. Una mayor ingesta de esas medidas se clasifican como consumo excesivo de alcohol, el cual puede causar una inflamación crónica del páncreas (pancreatitis), lo que puede perjudicar su capacidad para secretar insulina y potencialmente conducir a la diabetes.

Mientras que las personas que fuman mucho (más de 20 cigarrillos al día) tienen casi el doble de riesgo de desarrollar diabetes en comparación con las personas que no fuman.

Como conclusión, es importante que una vez más reflexionemos sobre nuestros hábitos de vida. Muchas veces cuando el médico nos recrimina determinados malos hábitos respondemos: «bueno, de algo hay que morir», pero hoy en día el gran problema de los malos hábitos no es sólo la mortalidad. Lo más grave de este problema es el empeoramiento de nuestra calidad de vida, y es que, si no tenemos precaución, nuestro envejecimiento puede ser de muy mala calidad, desarrollando y agudizando situaciones de dependencia y dolores totalmente evitables.

Laura Baldovín Rodríguez – Nutricionista en: Lasa Atención Sociosanitaria y directora en Centro de día Virgen del Pilar –

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